viernes, 15 de julio de 2016

Aceptar y recibir

Así que llegue a esta conclusión de que no hay nada mejor que alegrarse y disfrutar de la vida mientras podamos. Eclesiastés 3:12
¨Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia; viviendo un día a la vez, disfrutando un momento a la vez; aceptando las adversidades como un camino hacia la paz; pidiendo, como lo hizo Dios, en este mundo pecador tal y como es, y no como me gustaría que fuera; creyendo que Tú harás que todas las cosas estén bien si yo me entrego a Tu voluntad; de modo que pueda ser razonablemente feliz en esta vida e increíblemente feliz Contigo en la siguiente. Amen. “Seguramente habrán leído esta oración para la Serenidad. Así se llama. Más allá de las contradicciones, muchos coinciden en atribuir la autoría al teólogo americano: Reinhold Niebuhr quien fuera ordenado ministro de la Iglesia evangélica, luego pastor en Detroit hasta 1928 y después docente en el seminario teológico de Nueva York (1930-1960). Demostró la unión entre el liberalismo político y la teología bíblica. Sus ideas claras acerca de la igualdad y la justicia social combinaban sus enseñanzas con el evangelio.
La aceptación es una virtud. Muchas veces, esta palabra es confundida con conformismo y resignación como si fuera sinónimo de debilidad y pasividad. Sin embargo, aceptar la realidad tal como es incluye, ser esta persona determinada, con este carácter y no otro, con este temperamento, entre otros que existe, estas fuerzas, estas debilidades, estas habilidades y estas limitaciones. Aceptar mis posibilidades como así también mis límites. Implica entender que somos seres finitos y no omnipotentes. ¡Cuántos viven angustiados deseando ser otros! Insatisfechos, enojados con su historia y frustrados por lo que desearían ser y tener y no pueden. En ese espacio pierden de vista la realidad de sus posibilidades. Hacernos cargo de nuestra existencia y estar de acuerdo con nosotros mismos es el primer paso para comenzar a cambiar lo que necesitamos cambiar. Dios ofrece los recursos y acompaña esa experiencia.
La resiliencia parte de este primer estado de aceptación. No puedo crear nuevas posibilidades si no acepto la realidad que tengo.
El psiquiatra y psicoanalista Boris Cyrulnik divulgó este concepto que extrajo de los escritos de John Bowlby. Es un término que se toma de la resistencia de los materiales que se doblan sin romperse para recuperar la situación o forma original. Por ejemplo, un arco que se dobla para lanzar una flecha, o los juncos bajo la fuerza del viento. Cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por estos. Actualmente, la resiliencia se aborda desde la psicología positiva, la cual se centra en las capacidades, valores y atributos positivos de los seres humanos, y no en sus debilidades y patologías, como lo hace la psicología tradicional. El concepto de resiliencia se corresponde aproximadamente con el término «entereza». Es superar algo y salir fortalecido y mejor que antes.
• Ana Muñoz, motivadora personal amplia estos conceptos:
Características de las personas resilientes
Las personas resilientes poseen tres características principales: saben aceptar la realidad tal y como es; tienen una profunda creencia en que la vida tiene sentido; y tienen una inquebrantable capacidad para mejorar.
Además, presentan las siguientes habilidades:
• Son capaces de identificar de manera precisa las causas de los problemas para impedir que vuelvan a repetirse en el futuro.
• Son capaces de controlar sus emociones, sobre todo ante la adversidad y pueden permanecer centrados en situaciones de crisis.
• Saben controlar sus impulsos y su conducta en situaciones de alta presión.
• Tienen un optimismo realista. Es decir, piensan que las cosas pueden ir bien, tienen una visión positiva del futuro y piensan que pueden controlar el curso de sus vidas, pero sin dejarse llevar por la irrealidad o las fantasías.
• Se consideran competentes y confían en sus propias capacidades.
• Son empáticos. Es decir, tienen una buena capacidad para leer las emociones de los demás y conectar con ellas.
• Son capaces de buscar nuevas oportunidades, retos y relaciones para lograr más éxito y satisfacción en sus vidas.
El modo de pensar de las personas resilientes
Las percepciones y los pensamientos influyen en el modo como la gente afronta el estrés y la adversidad.
El estilo de pensamiento de las personas resilientes se caracteriza por ser realista, exacto y flexible. Cometen menos errores de pensamiento (como la exageración o sacar conclusiones precipitadamente, sin evidencias que las corroboren) e interpretan la realidad de un modo más exacto que las personas menos resilientes.
Los beneficios de la resiliencia
Las personas más resilientes:
• Tienen una mejor autoimagen
• Se critican menos a sí mismas
• Son más optimistas
• Afrontan los retos
• Son más sanas físicamente
• Tienen más éxito en el trabajo o estudios
• Están más satisfechas con sus relaciones
• Están menos predispuestas a la depresión

LA Palabra de Dios nos deja ejemplos de personas que fueron resilientes. Una de ellas fue el apóstol Pablo. En Filipenses capítulo 4 dice: “He aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación, se vivir humildemente y se tener abundancia, en todo y por todo estoy enseñado, así para tener hambre como para padecer necesidad. . todo lo puede en Cristo que me fortalece.
También en 2 Corintios 11:24 al 33, también describe situaciones críticas de las que él salió ileso, por la Gracia de Dios. También la historia de Jose o de Abraham o de David, son ejemplos de resiliencia.
Si bien hay personas que naturalmente tienen la habilidad de sobreponerse a las crisis con más habilidad que otros, por sus temperamentos o por los recursos con los que cuenta, para aquellos que creemos en Jesús, contamos con EL RECURSO que es Cristo en nosotros. Su poder y su fortaleza, nos provee de aquello que no tenemos. Implica, confianza en su Persona, pero más aún, descanso en que sus planes para nosotros son perfectos más allá de todo.
Cuanto más lugar damos a su Espíritu en nosotros, más viable ser poder enfrentar las crisis propias de la vida.

viernes, 8 de julio de 2016

El poder del silencio

El lenguaje y la palabra es lo propio del ser humano. Somos seres vivientes con la hermosa capacidad de socializar con otros lo más privado que tenemos que son, nuestros pensamientos. Y. eso es en sí, un misterio, un fenómeno nada sencillo, pero, por otro lado, el silencio, también es parte de la vida humana. Y no justamente referimos a quedarnos sin palabras sino al silencio que podemos sostener aun teniendo muchísimo para decir. A esa decisión personal de “Quedarnos en silencio” porque necesitamos introspección, meditación, reflexión y conexión espiritual. Ser dueño del silencio es una virtud. Quizá por eso hay tanto aturdimiento y no se valoran tanto los momentos de silencio como los que se llenan con ruidos y palabras. Si bien es importante hacer uso de nuestras palabras y decir todo lo que sea necesario decir, hay ciertas experiencias o sentimientos que solo se comparten en silencio con uno mismo. Y muchísima riqueza hay en eso.
Por la palabra tenemos la posibilidad de entrar en comunidad, intercambiar, emociones, opiniones o pensamientos; pero hay momentos en que hay que ser capaz de estar a “Solos” salirse un poquito de lo comunitario para revisar lo individual de nuestros propios procesos y ver en nuestro interior que es lo que Dios está hablando. Contemplar a Dios y meditar en Él, implica recortar otros ruidos, separarnos del aturdimiento y descubrir Sus atributos, sus planes y su Gracia para nuestras vidas.
El problema es que, a algunas personas, les es imposible entrar en contacto consigo mismo. Esto les resulta insoportable. Se escapan de sí mismos con palabras y ruidos ensordecedores. ¡Se aturden! Llenan los vacíos con palabras, que a veces ni siquiera tienen sentido. Eso genera saturación, violencia e intolerancia. Pero lo más peligroso es que nos aleja de la voz de Dios. Y con esto no estamos diciendo que hay que ser monjas de clausura. No se trata de aislarnos de la realidad ni de nuestra comunidad, sino de poner límites a aquellos que nos separa de escuchar su voz.
Hay una historia que refiere al profeta Elias en 1. Reyes 19:11-12. El fuerte Elias aturdido por la opresión de Acab y Jezabel, se ocultó deprimido en una cueva. Y entonces pasó el Señor. Pero no estuvo su voz ni en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino que, en la brisa silenciosa y suave, allí se hace presente para el agotado Elias, la voz y el entendimiento de él mismo y de Dios.
Por eso, es que respetamos los tiempos de silencio porque aun en la ausencia de palabras, nuestro ser total puede conectarse con lo que somos y lo que Dios es.
Hay otros ejemplos en el Nuevo Testamento, en los cuales, sin decir palabra, algunas personas se encontraron con lecciones que no hubieran aprendido de otra manera.
Pedro, el discípulo, negó tres veces a Jesús, para encontrarse con una “Mirada” sin palabras del Maestro pero que lo definió como cristiano y lo empujó a no abandonar nunca más, aun cuando él mismo fuera crucificado como Jesús.
La mujer que padecía flujo de sangre y estaba perdiendo su vida, sin encontrar respuestas, solo al tocar el manto de Jesús, encontró salud plena.
La viuda de Naim, quien iba a enterrar a su propio hijo para quedarse luego sola y desamparada, se encuentra con Jesús en la caravana hacia la tumba. No habla solo llora y allí se encuentra sin palabras con el consuelo de Jesús y la restitución de la alegría al devolverle a su hijo a la vida.
Otro ejemplo es el de la mujer pecadora que irrumpe la cena de hombres en la casa del fariseo para derramar perfume de alto precio en los pies de Jesús y sin palabras, en el silencio de la devoción y la contemplación encuentra el amor perfecto en el perdón y la reivindicación del Maestro.
El mismo Dios, a veces hace silencio en nuestras vidas. Oramos con fe, esperamos sus respuestas, pero Él calla. No responde. Nos cuesta esperar. Nos desanimamos, sin embargo, sus silencios son los modos que Dios usa para que nos conozcamos, produzcamos paciencia y desarrollemos la fe.

Estar quietos y en silencio nos ayuda a contemplar, a meditar y a encontrar la armonía necesaria para la introspección y el reconocimiento de su soberanía.


viernes, 1 de julio de 2016

La paciencia

Definición: Se plantea tanto como actitud o como capacidad, de sobrellevar situaciones difíciles y conflictos de diversa índole. Se caracteriza porque quien la posee actúa con tranquilidad, es decir, que por más adversa que le resulte una realidad no pierde la calma. Se relaciona generalmente con el valor, la madurez y la perseverancia.
Proviene de la palabra pati, que significa sufrir, lo cual se relaciona con que, para esta actitud, para esperar hay que padecer, y se hace con la conciencia de que el beneficio llegará sin importar su origen
La relación que los seres humanos tienen con el tiempo es cambiante. A lo largo de los siglos el hombre intento no solo medir el tiempo sino ganarle al tiempo. Superar records y desafiar los límites que el tiempo impone. Si bien esto demuestra lo amplio que el ser humano puede llegar a ser y el despliegue de sus capacidades, quizá ha dejado como consecuencia un sentimiento de intolerancia ante las cosas que “se tardan”, La espera es intolerable. Vivimos en un contexto donde el “llame ya” y lo “instantáneo” hace que todo sea rápido y efectivo. Para comer ya no hay que buscar la leña y prender el fuego porque el microonda en instantes cocina cualquier manjar. Para comunicarnos ya no es preciso escribir cartas y esperar a que un cartero las entregue en mano porque el WhatsApp lo soluciona en seguida y ni siquiera la distancia es un impedimento. En este contexto hablar de desarrollar la PACIENCIA parecería casi chistoso o imposible. Nos acostumbramos a las cosas rápidas y si algo tarda un poco nos ponemos impacientes y molestos. Las esperas nos descontrolan y desatan ira, enojo, frustración e impulsividad. Hablar de falta de control de impulsos es un diagnóstico más que común y la hiperactividad también se suma a la lista de patologías propias de la relación del ser humano con el tiempo y con el control de sí mismo, entre otras cosas que las generan.
La paciencia absoluta no existe, sino solamente en Dios. Él tiene paciencia perfecta con nosotros y con todo el Universo. En cambio, el ser humano debe “desarrollar la paciencia".
Ahora bien… ¿Dónde se genera la impaciencia? Justamente en esa zona de tensión entre lo que “es” y lo que querría que fuese. Entre lo que es y lo que espero que sea. Entre el tiempo presente y el futuro. La vida se nos presenta como ES. Los acontecimientos históricos no siempre podemos cambiarlos. La vida se nos va “viniendo” y a lo sumo podemos llegar a modificar algunas cosas. Desarrollar la paciencia es primeramente aceptar las cosas como se nos presentan. Comprender y acompañar los procesos soportando aquello que no podemos modificar, pero esperando con paciencia lo que deseamos y por lo que quizá estamos trabajando.

También tenemos que desarrollar paciencia con las personas que nos rodean. Ya sea en la vida familiar o social puede que existan personas que sean difíciles de soportar. Tener paciencia es esperar con optimismo los cambios como también aceptar al otro como es sin intentar cambiarlo al modo en que uno desea cambiarlo. La paciencia es necesaria para desarrollar buenas relaciones. Proverbios 25:15 y para ampliar la comprensión de lo que los demás son o hacen, nos hace más sensibles.
Otra área donde se requiere paciencia es con nosotros mismos. A veces no estamos conformes con lo que somos y tenemos y no podemos sobrellevar ni nuestras propias vidas. Romanos 5:4 dicen que la paciencia nos ayuda a soportar las pruebas. Madura nuestro carácter. Nos hace estables y firmes. Aunque no haya resultados prontos en las pruebas y las dificultades, si asumimos los momentos difíciles con paciencia, nuestra fe en vez de debilitarse, se fortalece.
La paciencia es el resultado de poder controlarse a uno mismo. Dice en 2 Pedro 1 que al conocimiento hay que añadirle dominio propio y al dominio propio, paciencia. No por casualidad la Biblia pone la lista de virtudes encadenadas una de la otra. Creo que el sentido de esta lista del capítulo 1 de 2. Pedro enlaza a la madurez y a la piedad con conocer, comprender dominar las propias pasiones para luego poder vivir y experimentar paciencia con la vida, con los otros y con uno mismo. Sin control y dominio propio es imposible la Espera.  Es por eso que la idea de fuerza entra en juego en estas palabras. Para poder controlarse y dominarse a uno mismo hay que poder sostener con fuerza la tensión que se produce entre lo que Es y lo que necesito que SEA.
Estamos acostumbrados a buscar resultados inmediatos en todo. Entonces soportar los procesos se hace insostenible. Algunos reaccionan con ira ante lo que no se da, otros con depresión, otros con trastornos de ansiedad y otros salen a la vida impulsivamente en una búsqueda desesperada por alcanzar lo que no tienen. En ese carril descontrolado, las familias se separan, los matrimonios se divorcian pronto, los jóvenes se apresuran a tomar decisiones y los adultos viven insatisfechos todo el tiempo.
En términos generales, la paciencia incluye algo de sufrimiento. Soportar y sufrir no son emociones muy agradables, pero si, son necesarias a la hora de desarrollar un carácter maduro, estable y con la posibilidad de comprender las circunstancias por más adversas que se presenten.
La paciencia ejerce poder. Es poderosa. No es pasiva sino activa
Es el espíritu que puede sobrellevar las cargas por su esperanza inflamada, no por simple resignación; no es el espíritu del que se sienta, dispuesto a soportar estáticamente, sino el que conlleva la adversidad porque sabe que está siguiendo un camino que conduce a la gloria; no es la paciencia del que aguarda ceñudamente el fin, sino del que espera radiantemente un nuevo y mejor amanecer. (Williams Barclay)

jueves, 23 de junio de 2016

Torre de control ¿Cómo controlar esos pensamientos que nos hacen mal?

Dice Stanley: “Tu mente es la torre de control de tu vida”. Lo que define tu vida es la manera en que la piensas. Todo lo que erres en el presente está íntimamente relacionado con lo que construiste mentalmente en tus pensamientos. Eres lo que piensas. Por eso si no te gusta lo que está sucediendo en tu vida o con tu vida, pregúntate ¿en qué estás pensando?
La pareja que elegiste, los amigos con quienes te relacionas, el credo en el que depositas tu fe, la carrera que decidiste seguir, tu estilo de vida …todo tiene que ver con tus pensamientos. Por eso tu mente es algo así como una torre de control que dirige tus pasos y tus decisiones para bien o para mal.
Proverbios 23.7 dice que tal cual es el pensamiento en el corazón de una persona, tal es esa persona, entonces te propongo un sencillo test de pensamientos. Respóndete sinceramente estas preguntas. ¿Qué piensas acerca de tu vida? ¿Qué piensas acerca de tus hábitos? ¿Qué piensas acerca de tu futuro? ¿Qué piensas de tu familia? ¿Qué piensas de tus amigos? ¿Qué piensas de tus ingresos y de tus bienes? ¿Qué piensas de la sociedad en la que vives? ¿Qué piensas de la pureza moral?  ¿Qué piensas de ti mism@?
¿Sabes?, todo lo que vas decidiendo día a día esta direccionado por como piensas.
Cuanto mejor pienses, mejor vivirás. Pensar bien es pensar como Dios piensa y El da indicadores concretos en Su Palabra para ayudarnos a pensar de la manera correcta.
En primer lugar, es importante que describas la dirección de las cosas que vas pensando hoy. Saber a dónde te diriges con lo que piensas te dará una idea del punto en la vida a donde seguramente vas a llegar. Si tienes en claro a dónde quieres llegar, cuáles son tus sueños, tus metas, el sentido que le quieres dar a tu vida, entonces debes revisar si lo que hoy estás pensando te ayuda o acompaña a llegar hacia ese logro.

Luego distingue si lo que estás pensando es constructivo o destructivo. Una de dos. O lo que piensas te está haciendo bien, te edifica, te ayuda a crecer a desplegar lo mejor de ti mismo o te está haciendo mal. Te contagia de malos hábitos, te avergüenza o te aparta poco a poco de lo que es bueno. Tus pensamientos te condenan o te liberan. Define en qué lugar te dejan en este mismo momento de tu vida.
¿En tercer lugar, debes tener en claro quién eres? Si eres hijo de Dios tus pensamientos deben definirte desde ese lugar. Si eres cristiano ya no puedes pensar como el mundo piensa sobre algunos asuntos. Pero si no has tomado todavía una decisión por Jesús, estas expuesto a hacer sintonía con ideas que Dios no te recomienda y Él te invita a conocer Su voluntad. Hay muchos cristianos que no han tomado decisiones firmes con respecto a esto y concuerdan y hacen sintonía con cosas de la oscuridad. Acarician en su mente hábitos, pecados, palabras, modas, costumbres que no son propias de Cristo y por ende no deberían ser propias de aquellos que son su hija.
Colosenses 3.1-10 nos ubica con los pensamientos hacia arriba. Dice: no se enfoquen en las cosas de este mundo sino en las del cielo. Si bien la idea no tiene nada que ver con ser despreocupados con nuestro presente aquí en la Tierra, sí refiere a hacer morir aquellas cosas en nuestra mente que no son propias del cielo. La lista es: fornicación, impureza, idolatría, ira, enojo, blasfemia. Etc. Etc.
Este pasaje muestra que tenemos que estar continuamente activos en nuestros pensamientos hacia arriba, pero pasivos, muertos con los pensamientos que no son de Dios. Contrapone lo que es de Dios contra lo que es de este mundo, o mejor dicho con todo lo impuro que el mundo ofrece.
La manera de estar conectados con los pensamientos de Dios es abundando en la lectura de Su Palabra. Si nuestras mentes desbordan de pensamientos espirituales, limpiaremos nuestros caminos. Leer, estudiar y meditar en la Biblia, transforma de manera poderosa nuestra mente y nos da poder sobre el pecado limpiaremos nuestras mentes con Su Palabra.
Pensar como dios piensa conducirá tu vida cambiará tu presente, pero más aún te conducirá a un futuro donde las consecuencias de tus acciones serán positivas y dará buen resultado.
Ahora bien, tú decides como quieres vivir y en qué quieres pensar.

Si hay evidencias de aspectos que debes cambiar, hazlo ahora mismo y orienta tu mente hacia arriba, hacia Dios, hacia todo lo que El piensa y esto te dará paz. 

sábado, 18 de junio de 2016

Añade a tu Fe

Se cuenta de un sembrador que cada mañana acostumbraba buscar agua de un río. Con él llevaba dos baldes. Uno nuevo, sin defectos. El otro, viejo y lleno de huecos. El balde nuevo permitía que el sembrador llevara a su casa toda la cantidad de agua que recogía. El viejo, en cambio, derramaba la mitad del contenido a lo largo del camino. Por supuesto, el nuevo sentía que era útil. El viejo se sentía fracasado.
Un día, la autoestima del balde horadado alcanzó su punto más bajo. —Mi vida es un fracaso —dijo al sembrador—. Le pido disculpas por no hacer bien mi trabajo. — ¿Por qué me pides disculpas? —preguntó asombrado el sembrador. — ¿No se ha dado usted cuenta? Cuando regresamos del río derramo la mitad del agua en el trayecto a casa. En ese momento, el sembrador, sonriendo gentilmente, llevó al atribulado balde al río. De regreso, mientras recorrían la ruta acostumbrada, el hombre le pidió que observara con atención las hermosas flores del camino. — ¿Te das cuenta de que solo hay flores de este lado del camino? —preguntó el sembrador. —Pues, sí. ¿Pero qué hay de especial en ello? —Lo especial es que han crecido gracias al agua que tú derramas cada mañana. Todo este tiempo yo he sabido de tus huecos. Por eso sembré semillas de distintas flores solamente de este lado del camino.
Dice la Biblia:
¨Cuanto más crezcan de esta manera, más productivos y útiles serán en el conocimiento de nuestro Señor, pero los que no llegan a desarrollarse de esta forma son cortos de vista o ciegos. “. Pedro 1:10 (NVI)
Muchas personas dicen querer ser como Jesús. Buscan hacer el bien y externamente muestran una vida piadosa. Pero en su vida interior no han experimentado la naturaleza divina.
 Si tienes una relación espiritual con Jesús, eso es muy bueno, pero no te quedes solamente con eso. Desarrolla un carácter maduro. Añade a esa fe, virtud. Esa calidad espiritual de excelencia en todo lo que intentas hacer. Súmale el conocimiento. Conocer a Dios y a su Palabra te ayudará a conocerte a ti mismo. Sólo quien puede conocer y comprender su corazón tiene dominio propio y es capaz de poner bajo autoridad sus más profundas pasiones. Dominarte a ti mismo te dará paciencia con tus propios procesos de madurez y con lo de los otros, inclusive tus hijos, tus amigos y con los que compartes tu vida cotidiana. En ese sentido, la piedad será lo que resulta de ver las necesidades que los demás tienen y estarás dispuesto a cubrirlas si puedes. Como si fuera una cadena de recomendaciones, dice luego que a la piedad debemos añadir el afecto fraternal. decanta por si solo que si cumplimos con lo antedicho el amor al prójimo fluye como causa y consecuencia. Cada cosa que dice este texto está ligada una a la otra. Dependen y se relacionan. Si estas cosas están en ti y abundan, tu visión acerca de la vida será ampliada. Desarrollarás un carácter espiritual y auténtico. Tu fe tendrá sentido para ti, para los tuyos y más allá de todo…Dará su fruto.
El trabajo cotidiano pone a prueba el carácter genuino.
Con nuestras acciones todos los días vamos dando fruto. Pero podemos dar fruto agradable a Dios como no. El cuento del balde, que simplemente es una ilustración, tiene similitud con nuestras vidas. Si en todo lo que hacemos derramamos lo que hace falta para que las “Flores” aparezcan entonces estamos haciendo realidad esta lista de 1 Pedro 1:10.
Quizá nuestra cultura no promueve valores como la virtud y la piedad, es más, parecen palabras obsoletas; sin embargo, desarrollar un carácter piadoso correcto, controlado y de amor al prójimo hará aumentar nuestra fe y también ampliará nuestra visión de nosotros mismos y de los otros. No seremos cortos de vista. Tendremos la visión de Dios en nosotros siendo productivos para bien y sembrando para la paz.

viernes, 10 de junio de 2016

Cuando sientas que Dios te falla

 Salmo     18:1-4
1 ¡Cuánto te amo, Señor, fuerza mía!
2 El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador;
       es mi Dios, el peñasco en que me refugio.
       Es mi escudo, el poder que me salva,
       ¡mi más alto escondite!
3 Invoco al Señor, que es digno de alabanza,
       y quedo a salvo de mis enemigos.
      4 Los lazos de la muerte me envolvieron;
       los torrentes destructores me abrumaron.
¿Cómo se sostiene la fe y la confianza en Dios cuando las cosas no salen bien? ¿Cómo confiar en un Dios que permite un mundo lleno de faltas, de injusticias y de contradicciones? ¿Dónde quedaron esos hombres como Sadrac, Mesac Abed Nego, Jose, Moisés, Abraham, Jeremías, Isaías? ¡Y tantos otros que hicieron cosas extraordinarias siendo hombres ordinarios, simplemente porque le creyeron a Dios!
Creo que en este mundo podemos encontrar diferentes personas con distintas experiencias de relación con Dios. Están los que le creen pase lo que pase y desarrollan una fe enorme y contundente. Por otro lado, aquellos que no tienen fe. Que no pueden creer, no les es posible aceptar racionalmente ni espiritualmente la existencia de Dios. También están los que una vez creyeron, depositaron su fe en lo que Dios es; pero las circunstancias contrarias o las oraciones no respondidas como esperaban, hicieron erosión en esa fe y luego dejaron de creer como antes. Por ultimo están los que dicen creer, creen creer, pero lo cierto es que nunca pusieron a prueba esa fe y mantienen una comodidad y acostumbramiento que la llaman fe, pero que solo la prueba podría ponerla a “Prueba”.
No sé en qué grupo te anotas, pero hoy intentaremos reflexionar juntos con respecto a nuestras convicciones, a nuestro conocimiento de Dios y a nuestro modo de desarrollar la fe. Pregúntate antes de continuar: ¿Le crees a Dios? ¿Cómo puedes comprobar en tu vida que Dios Es lo que dices que Es? Quizá sepas y conozcas sus atributos, pero no sean una experiencia real en tu vida.
Creo que hemos desarrollado una idea errónea de Quien “Es” Dios y lo hemos limitado a Quien nosotros creemos que “Debería” ser. En esa lógica, Dios debería hacer del mundo un lugar feliz, sin guerras, sin injusticias y sin dolor. Nos gustaría pensar una larga vida libre de dolor y donde todo lo que deseamos pueda cumplirse. Es más, nos enseñaron que Dios es nuestro Padre y que todo lo que pedimos orando en Su nombre Él lo da. Nos dijeron que El Todo lo puede. Que Todo lo Sabe, que es Fiel. Que no Falla nunca. Que no ama la injusticia. Que nos guarda. Que nos cuida. Que, si nos entregamos por completo, Él nos sostendrá y no nos dejará en deuda. Pero en nuestro diario vivir, muchas veces, todo esto que “Sabemos” es puesto a prueba y lo que sentimos es todo lo contrario a lo que nos dijeron o lo que alguna vez pudimos creer. Entonces, nos desanimamos, dudamos de todo, nos enojamos con Dios porque sentimos que nos falló.
Otros, en cambio, fortalecen su fe en medio de la confusión, de la persecución, y hasta de las torturas o el dolor físico. Ejemplos hay muchos: Corrie tem Bom, prisionera en los campos de concentración nazi. La única sobreviviente de toda la familia. Murió siendo fiel a Dios y dando testimonio de la protección y del amor de Dios en medio de sus torturas. Joni Earekson Taba quien quedara cuadripléjica a los 17 años de edad. Si bien pasó dos años deprimida y dudando de todo, cuando superó su prueba se convirtió en una importante conferencista, motivadora, y escritora para dar testimonio de su fe. Nick Vujicic, quien naciera con una agenesia de sus 4 extremidades, sin explicación alguna excepto el hecho de ser una mala formación. A pesar de esto y de haber pasado momentos de depresión en su infancia, superó el dolor y desarrolló una vida normal. Se casó, tuvo dos hijos y hoy es uno de los motivadores más importantes de la historia.  Podríamos mencionar a muchos más. Contemporáneos y no contemporáneos. Hombres y mujeres que fortalecieron su fe en vez de deprimirla. ¿Qué hace la diferencia? Quizá revisar la mirada que tenemos acerca de Dios, nos ayude a entender su soberanía sobre nosotros y sobre este mundo. Si recorremos los evangelios veremos la posición que Jesús tomó frente al dolor humano. Siempre se conectó con el dolor.  Se entregó por nuestro dolor y concretó así la unión con la humanidad. El respondía a las tragedias humanas con compasión. No las evitó, pero las enfrentó con compasión. El también sufrió, se compadeció, lloró, se enojó, se indignó, denunció las injusticias, defendió a los pobres, y estuvo ahí donde el dolor humano se hacía presente. No siempre encontraremos respuestas suficientes ni explicaciones que nos satisfagan. Pero la fe se hará más fuerte en medio de esos lugares de la experiencia que no nos agradan. Una cosa es creer En Dios y otra muy distinta es creerle A Dios. A veces se nos va la vida, haciendo cosas para Dios, pero nos olvidamos que primero Dios tiene que Ser alguien en nuestras vidas, o nos desgarramos en actividad para ir a Dios con las manos llenas de servicio, olvidándonos que Dios nos recibe con las manos vacías. Oramos y clamamos, pero no dedicamos tiempo a escucharle. Aprendemos la doctrina de memoria, pero nos olvidamos de la Fe verdadera. Cumplimos sus mandatos pero no revisamos nuestro corazón. Entonces cuando de Fe se trata, tambaleamos. Lo que un momento parecía claro, de repente ya no lo es y las reglas y las doctrinas por si solas no sostienen ni protegen ante las sorpresas de la vida o ante los imprevistos.
Si no nos dejamos abrazar por Su Gracia, si no experimentamos la Gracia, será difícil creer en Dios.

De todas formas…Dios cree en nosotros.


sábado, 4 de junio de 2016

El lugar del conflicto


¨El que quiere amar la vida…busque la paz y sígala.¨ 1 Pedro 3:11


Crecimos con algunos mandatos favorables en cierta medida: ¨No discutas¨. ¨No pelees con nadie¨. ¨No te metas en problemas¨. ¨Evita los conflictos”. ¿Te suenan familiares estas indicaciones? Probablemente hoy las reproduzcas también en tus hijos antes de ir a la escuela o a las casas de sus amigos. Y si bien son sabios consejos que promueven la paz y la armonía entre hombres y mujeres, puede que, en algunos casos, quedemos tan prendidos a “Evitar” que nos mantengamos al margen de conflictos que no se solucionan, sino enfrentándolos. El lugar del conflicto y el significado que le demos a la palabra puede ayudarnos a crecer en nuestras relaciones. Hay personas que evitan, otras que se enojan montándose en ira, otras que se asustan y huyen o también quienes aprovechan el conflicto como oportunidad para el movimiento, el cambio y el crecimiento.
 El universo de las relaciones humanas no es simple. Las tensiones, los desacuerdos, los diferentes puntos de vista y los intereses personales e individuales, bañan de tensión dicho mundo. Estar con otros es enfrentar situaciones conflictivas, desacuerdos, armonía y falta de armonía. Seria utópico creer que nunca estaremos metidos en algún lio. Ahora bien ¿Qué recursos tienes para hacer frente a las situaciones de conflicto? ¿Cuál es tu mayor miedo cuando entras en conflicto con algún miembro de tu familia o de tu grupo? Mayormente sentimos amenazada nuestra identidad. Tememos que algo del otro se me imponga y quiera modificarme o dominarme. Nos rigidizamos, resistimos y nos cerramos en nuestra cosmovisión del mundo. Dios nos ha dado las posibilidades personales para establecer acuerdos. Nos proveyó de inteligencia, medios para comunicarnos y emociones para vivirlas a favor del entendimiento y de la paz. Nuestra sociedad necesita personas comprometidas con la paz y la justicia. Tu posición y participación es importante. No te quedes al margen. Usa los recursos de Jesús no para pelear sino para construir relaciones mejores.
La paz no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de alternativas creativas que nos ayuden a solucionar el conflicto. Dorothy Thompson 
La Biblia nos deja algunos ejemplos:
En jueces capítulo 4 y 5 Debora le dice a Barac que si ella lo acompaña a la batalla contra sisara, la victoria seria de ella y no de él. Es un ejemplo de confrontar, de abordar conflictos, de ser lo más asertivos posibles a la hora de disentir.
Pablo en su viaje misionero en hechos 15 :36, se separa de Bernabé.
El conflicto era que Bernabé quería llevar a Juan Marcos en lo que resta del viaje misionera y Pablo no quería darle otra oportunidad porque Juan Marcos los había abandonado en panfilia.
Esto genera un desacuerdo entre ambos. Un conflicto. Pero lo atraviesan y se separan. Esto nos enseña que a veces aceptar estar en desacuerdo es la mejor forma de solucionar un conflicto.
Afrontar conflictos implica:
  • ·        Posibilidad de escucha
  • ·        Flexibilidad para salir de nuestro centro y comprender lo que al otro le sucede
  • ·        Empatía
  • ·        Asertividad
  • ·        Nuevos acuerdos
  • ·        Claridad


A veces aceptar que no estoy de acuerdo es el mejor de los acuerdos.

Proverbios 10:32-33.
La boca del justo sabe hablar lo que agrada.